Ir a lista de Prensa

La inquisición en Lima, en 1736 ... y en abril del 2001: Lori Berenson

Liberacion, Abril - 2001

por Eduardo González Viaña, novelista peruano y Profesor en la Universidad de Western Oregon

El día de Navidad de 1736, la Santa Inquisición celebróen la Plaza de Armas de Lima un Auto de Fe en el que serían públicamente azotadas 20 mujeres hasta provocarles la muerte. Otras siete que no habían podido soportar las torturas previas o habían muerto en sus celdas bajo tierra serían quemadas en estatua; sus huesos cubiertos con yeso y madera también serían pasto de las llamas. Además de ellas, había treinta hombres entre negros, mulatos y blancos.
Los 'crímenes'que se les imputaban variaban entre haber dicho blasfemias, ser sospechosos de brujería, haber hecho supuestamente un pacto con el diablo o practicar religiones distintas de la fe oficial.
La tarde del 24 de diciembre, cuando la procesión de los sentenciados comenzó, toda Lima estaba allípara no perderse el espectáculo. Muchos habían pasado la noche en la plaza para conseguir un lugar próximo al paso de los ejecutados y poder alcanzarlos desde allícon piedras, saliva y aguas inmundas.
Y por cierto, lograron la diversión que estaban buscando porque los prisioneros del Santo Oficio estaban a su alcance, resbalaban y caían con frecuencia y, a veces, no podían soportar el peso de las cruces que cargaban. La prolongada permanencia en una cárcel oscura y subterránea y su brusca exposición a la luz solar les hacía sufrir problemas visuales. El hambre al que habían sido sometidos los tenía prostrados en la mayor debilidad. Muchos habían enloquecido ante tanta desgracia e, inermes como estaban, eran los preferidos de la burla del público. A uno de ellos, a quien llamaban el judío rey, le habían puesto una corona de espinas.
Pero la atracción principal era doña Ana de Castro, natural de Toledo, casada y de 47 años. La llamaban la 'bella toledana'y el pecado por el que pagaría con su vida era la práctica secreta de la religión judía. Las leyes del pasado solían exceptuar a las mujeres del tormento, pero no la Inquisición cuyos aterradores métodos de investigación son bastante conocidos. A pesar de haber sido enclaustrada en un hoyo subterráneo durante 8 meses y de ser sometida a un 'estiramiento', no se declaróculpable de ningún crimen. Por fin, el presidente del Tribunal le había preguntado:
-¿Reniegas del impío judaísmo y lo denuncias como una religión diabólica?
Pero doña Ana no renegó. Por eso y para la celebrar la Navidad de 1736, fue obligada a caminar hasta donde hoy estála plaza de toros. Atravesóa pie casi toda Lima entre las burlas y los escupitajos del pueblo y, por fin, luego de presenciar cómo se preparaba su propia hoguera, fue quemada viva. Sus cenizas fueron arrojadas al río; a sus descendientes se les declaróincapaces hasta la quinta generación y sus bienes, que eran cuantiosos fueron entregados a la Inquisición, para mayor gloria de Dios.
Ella no era un caso aislado. Entre los centenares de infelices que padecieron el tormento, se cuentan otras mujeres como una pobre loca, Angela Carrasco, que decía ser novia de Jesucristo, o como Mencia de Luna, una joven de 26 años, acusada también de judaísmo, que no pudo resistir los tormentos y cuyo cadáver fue quemado en estatua. Lo que hay de común entre Mencia de Luna y Ana de Castro es el hecho de que las dos eran descendientes de portugueses y de que, en cierta forma, ambas pagaban con su vida la rivalidad entre España y esa potencia europea.
En el mundo de nuestros días, cuando todos proclamamos el respeto por la libertad de pensamiento y el repudio a la tortura, los métodos de la Inquisición nos parecen una historia del pasado, sepultada y acaso olvidada para siempre. Y sin embargo, un proceso judicial que se estárealizando en Lima tiene demasiadas remembranzas con esa época espantosa.
Hablo de Lori Berenson, y no puedo decir si es culpable o inocente porque, al final, sus juzgadores no parecen saber de quédelito la acusan. Un tribunal militar la condenó, casi sin escucharla, por 'traición a la patria'a pesar de que ella es una ciudadana norteamericana. El tribunal civil que la juzga ahora, en vez de demostrar fehacientemente su participación en una conspiración delictiva, le da más énfasis a sus convicciones ideológicas, y los magistrados que lo integran parecen ignorar el hecho de que en ningún país democrático es penado el pensamiento por más insurrreccional que éste sea.
Y sin embargo, una actuación de ese proceso que se ha televisado en todo el mundo hizo que los peruanos que vivimos en el extranjero sintiéramos vergüenza de nuestros procedimientos penales y también de nuestros jueces, cuando, el presidente del tribunal, doctor Marcos Ibazeta levantóel dedo y la conminóa renegar públicamente del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru y de sus ideas subversivas. Lo punible son los actos, no las ideas, y de los primeros no hay prueba suficiente toda vez que el tribunal se ha concentrado en la supuesta fliación ideológica de la acusada.
Además de eso y con casi toda la media aplaudiendo las continuas declaraciones de Ibazeta, en vez de un tribunal debidamente constituido parecemos tener solo a un grupo de fiscales interesados en dar cuanto antes una 'pena ejemplar'. En otra ocasión y también para robar cámaras, se obligóa Miss Berenson a copiar a mano un dictado a una velocidad imposible. Basado en todo eso, el diario 'Boston Globe'acaba de decir que 'el segundo proceso sugiere que a pesar de la caída de Fujimori y de su corrupto jefe de espías Montesinos, el Perúcontinúa siendo una democracia fraudulenta'.
En las dos oportunidades en que estáfrente a los jueces, Lori Berenson es sometida a un proceso que va más alláde sus presuntos delitos y que tiene que ver más bien con su nacionalidad y con roces y conflictos de orden político e internacional.
La primera vez en que fue 'juzgada', su caso coincidiócon un enfrentamiento entre el embajador norteamericano Dennis Jett y la dictadura de Fujimori. Fue cuando el diplomático denuncióel sobreprecio que el Perúhabía pagado por los aviones comprados a Bielorrusia, lo cual estáahora probado. Fue la época en que los soldaditos del general Hermoza (hoy preso por narcotráfico) fueron enviados a la Vía Expresa de Lima para hacer pintas contra 'el imperialismo yanqui'y 'los judíos'. Casi de inmediato se condenóa la máxima pena a la joven estadounidense en trato muy diferente del que se había dado a una italiana en 1994 y una japonesa en 1996 que también fueron acusadas de terrorismo y mandadas de regreso a sus países de origen.
Los tiempos del segundo proceso coinciden con las vociferaciones de los antiguos fujimoristas contra el gobierno democrático al cual acusan de débil e incompetente frente a la subversión. Pareciera que los jueces quisieran exhibir su dureza para decir que esto no es cierto, pero el Ejecutivo- que estáconducido por juristas honestos y ejemplares- no les estásolicitando ese tipo de demostraciones.
El caso del presidente del tribunal tiene algo más de particular. Es candidato a la Defensoría del Pueblo y da la impresión de confundir su campaña propagandística con el proceso, y las nociones de firmeza con gestos de una perversidad innecesaria.
No sési Lori Berenson ha estado envuelta en la trama de un asalto al congreso porque no hay pruebas de ello ni parece que se la estuviera juzgando por ese delito. No parece tampoco que se la estájuzgando, sino que se la estácondenando desde el principio. Lo único que todos sabemos es que ha estado recluida durante años en una prisión infernal, a 5 mil metros de altura, con ventanas sin vidrios y a temperaturas bajo cero, bajo un régimen de tortura perpetua.
Al terrorismo no se le debe enfrentar con más crimen e ilegalidad porque, de esa forma, el Estado se despoja de su autoridad moral y justifica la violencia de los alzados en armas. Lo que estáen juego en el Perúque se abre a la democracia es volver al imperio de la ley, en vez de regresar a la ley de Talión.
La democracia no acaba en la periódica opción entre dos rostros, o como ocurre a veces entre la horca y la silla eléctrica. La democracia es un estado moral de la sociedad que nos predispone a todos a respetar los derechos humanos, a perseverar en la separación de los poderes del estados, a evitar la interferencia política en el proceso judicial, a creer que todos somos inocentes hasta que se nos pruebe lo contrario y a venerar la primacía de la clemencia sobre el castigo o la venganza.
Séque decir todo esto puede resultar impopular entre muchos amigos, pero creo que el Perúes la patria del generoso Grau y no la sede del Santo Oficio. Mis convicciones jurídicas me hacen decirlo, y también, ahora que lo pienso, mi seguridad de que en aquella Navidad de 1736, Cristo escupido y maltratado no estaba caminando precisamente del brazo de los inquisidores.

Volver