Carta para la Comunidad de Defensores de Derechos Humanos del Hemisferio Occidental, académicos, escritores y artistas
Estimados señores y señoras:
Envío con mis saludos más respetuosos, el reconocimiento a la labor que realizan a favor de la protección de los Derechos Humanos, así como los esfuerzos para hacer que este mundo sea un lugar más justo para todos los seres que lo habitan.
La Corte Interamericana de Derechos Humanos dio su fallo sobre mi caso a fines de Noviembre del 2004. Contra todos los antecedentes y en una sentencia realmente contradictoria, la Corte Interamericana falló a favor del Estado peruano, determinado que no se probó que se había violado mis derechos fundamentales en el segundo juicio que se me realizó entre el 2000 y 2001.
Hemos tenido un mes para asimilar dicha situación y analizar lo sucedido para arribar a algunas conclusiones. El mundo “post 11 de Septiembre” es un mundo acosado por un “monstruo indefinido” y con una definición jurídica imprecisa. Este “terrible ser” puede encontrarse en cualquier país del tercer mundo sobre todo si tiene riquezas naturales las cuales obviamente hay que “proteger” para que no puedan ser usadas en contra de la humanidad, sobre todo en contra de quienes hoy se han erigido como guardianes de la humanidad. Esta imagen surrealista es lo que hoy se resume en la consigna “lucha contra el terrorismo” lanzada desde el norte y usada para reprimir cualquier opositor al poder imperante que se empiece a tornar incomodo. Hoy en día, la llamada “lucha contra el terrorismo” se ha convertido en el eje principal de la política internacional, y bajo esta denominación se justifica el abuso y la infamia. Como es obvio, la Corte Interamericana no puede estar al margen de ese escenario mundial. De hecho en casi todos los eventos bilaterales y multilaterales de los últimos tiempos, e independientemente del motivo real de su convocatoria, es casi formula obligatoria que “alguien” proponga introducir una declaración comprometiendo a los asistentes en la “lucha contra el terrorismo”.
Uno de los aspectos más controvertidos en el fallo de la Corte Interamericana referido a mi situación, es que la Corte Interamericana reconoce que fui juzgada por una legislación que no se ajusta a los estándares de la Convención Americana de Derechos Humanos. Es más, el punto Nº 1 de la parte resolutiva ordena al Estado peruano adecuar su legislación interna a los estándares de la Convención Americana. Sin embargo concluye que no se ha probado en mi caso que se hayan violado las normas del debido proceso establecidas en la Convención Americana y sin considerar inclusive el hecho que mi juicio se inició durante el régimen del hoy prófugo de la justicia ex presidente Fujimori, cuyos decretos antiterroristas han sido siempre condenados por el Sistema Interamericano de Derechos Humanos.
La politización de mi caso tiene larga data, así como en general lo tienen todos los casos relacionados con la violencia política en el Perú. Es evidente que desde el gobierno de Fujimori mi caso se convirtió en el símbolo de la “lucha contra el terrorismo”. Prueba de ello es que cuando la Corte Interamericana aceptó ver mi caso, y particularmente al acercarse la fecha del fallo, el gobierno peruano llevó adelante un arduo trabajo mediático, evocando los miedos de siempre con respecto al delicado y sensible tema de la violencia política vivida en el Perú, relacionándolo con lo que podría significar un fallo a mi favor.
Escasas semanas antes de producirse el fallo de la Corte Interamericana en mi caso, se inició en Lima el juicio público a la dirigencia del Partido Comunista del Perú (conocido como Sendero Luminoso). El Estado mismo creó las condiciones en la sala del juzgado para que ocurriera un incidente ante los medios de comunicación, lo cual sirvió de pretexto para que la clase política se uniera tras el gobierno en una serie de medidas represivas contra los subversivos presos que actualmente enfrentan nuevos juicios. Con ello relanzaron la voz de alerta respecto del entonces esperado fallo en mi caso, que si me fuera favorable, significaría la liberación de la dirigencia subversiva y en general de todos los “terroristas”.
Desde hace años, en vez de ver a profundidad el tema de la violencia política, se libra una campaña psicosocial que contiene muchas falsedades, la confusión de cosas a fin de lograr un objetivo político. Al presentarse en la audiencia pública de la Corte Interamericana en el mes de Mayo del 2004, los representantes peruanos no tuvieron mejores argumentos que inventar nuevas y falaces acusaciones en mi contra como parte central de su defensa. A mi modo de ver, no se recurre a la mentira y a las campañas psicosociales cuando se tienen argumentos firmes, coherentes y con la verdad de su lado.
Lo inesperado y contradictorio del fallo de la Corte Interamericana me lleva a pensar cuánto pesó la presión diplomática y mediática. Lo que más lamento de esto es el precedente que se crea y lo que significa para lo que puedan esperar en adelante las personas que como yo acudimos a esta instancia internacional en busca de justicia. A pesar de los resultados adversos para mi, el tema del debido proceso y el respeto al principio de la legalidad son y seguirán siendo una carga que en algún momento tienen que resolver y pesa en la conciencia de quienes en esta oportunidad decidieron en mi caso. Sigo sosteniendo que en mi caso como en muchos otros en el Perú, no se respetó mi derecho al debido proceso y se me juzgó con leyes que inclusive posterior a mi juicio fueron declaradas inconstitucionales en parte por el Tribunal Constitucional peruano.
No queda mucho por hacer en este terreno. El golpe que recibimos fue innegablemente muy duro. Perdimos el fallo y faltan 11 años de cárcel. No se altera esta realidad al lamentarla ni al lamentar el hecho de que en las últimas semanas se han legislado una serie de nuevas restricciones en el régimen de vida de los presos políticos en el Perú. En este mundo en el que los horrores como los bombardeos arrasadores son el pan de cada día, o las torturas en Guantánamo o en las prisiones en Irak son justificadas por la superpotencia hegemónica del mundo, ¿qué no habríamos de esperar si tenemos no solo el rótulo de presos sino además el epíteto de “terrorista”?
Definitivamente la situación es compleja.; sin embargo me he puesto a pensar que si los autores intelectuales y materiales de tanto sufrimiento humano quieren denominar a los que no están de acuerdo con ellos como “terroristas” pues no me duele cargar con el calificativo, que aun cuando inexacto, me diferencia de tanta barbarie.
El tema o los temas de fondo, ¿qué a nivel mundial podría ser que nos llevó a estar como estamos y que habría que cambiar? O en el caso del Perú podría tener que ver con la comprensión de las causas de la violencia vivida. No son cosas que a una le compete explicar, sino que requiere la reflexión de la sociedad entera y mas aun requiere que exista una voluntad de cambio de toda la sociedad. Levantarse ante las injusticias es algo que se ha dado desde que se formaron los estados o quién sabe antes. No se borrarán estas injusticias con bombas, carnicerías, torturas o largas condenas carcelarias. Tal vez esas medidas sirvan para distraer la atención de la opinión pública momentáneamente, pero no resuelven situación alguna.
Pienso que hay mucho que hacer respecto al tema de la injusticia, en el terreno social, jurídico, político a nivel global. Tal vez estos muros me impedirán estar en las calles marchando codo a codo con otros hombres y mujeres con sed de justicia, pero definitivamente no aplacan mi visión de la necesidad de trabajar por construir un mundo distinto, más justo, solidario, en suma humano. Pero aún así con lo poco o mucho que pueda hacer desde mi situación, tengan la seguridad que siempre estoy y estaré con ustedes trabajando para que este mundo sea un lugar en el que todos podamos vivir con justicia y dignidad.
Quiero expresar mi agradecimiento por su preocupación y esfuerzo en bien de mi caso en particular y que tengo la plena confianza que seguirán trabajando por un mundo distinto.
Respetuosamente,
Lori Berenson
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